Universitarios que encontraron trabajo gracias a la FP - elmundo.es

28 Jun 2016

En 2014, el 19% de los titulados universitarios estaba en paro y el 33% de los que sí fueron contratados quedó relegado a tareas de media o baja cualificación. Entre los titulados de Formación Profesional de grado medio y superior había, por contra, menos desempleo: el 11%.

 

Tres años antes, en 2011, sólo logró colocarse el 43% de los titulados en el curso anterior. España estaba en el fondo de la crisis y el empleo en caída libre: 50% de paro juvenil y 52% de sobrecualificación entre los que sí trabajaban. La opción de estudiar FP de grado superior se reveló como la más segura para meter la cabeza en el mercado laboral; el boca a boca fue determinante.

 

No hay cifras oficiales de cuántos lo hicieron. Según estimaciones de algunas comunidades autónomas, en algunos ciclos formativos hasta un 30% del alumnado procedía de la universidad.

 

Sí se sabe que, entre el curso 2007/2008 y el actual, las matrículas en FP superior (contando las que se hicieron a distancia) han aumentado un 61,5%: se han registrado 137.322 estudiantes más durante los ocho años de crisis, incluidos los de la modalidad a distancia. Ha ganado enteros como primera opción formativa tras Bachillerato o FP de grado medio, pero la edad media de sus estudiantes refleja que no todos vienen de ahí. En el curso 2013/2014, el 30% de los matriculados tenía más de 25 años.

 

En el mercado laboral, los datos del Servicio Público de Empleo Estatal (Sepe)señalan que en 2015 hubo más contratos para titulados de FP en general (7,3% para técnicos superiores y 8,22% para técnicos medios) que para universitarios (10,12%). El incremento interanual de la contratación a lo largo de la última década también es mayor en la FP (un 40% más). Sin embargo, la mayoría del empleo sigue yendo a niveles sin cualificación específica: del Bachillerato hacia abajo.

 

El relato de estos seis jóvenes muestra que, cuando se impuso el empleo como prioridad absoluta, analizaron el mercado, la formación diversa que había en el ámbito elegido, los planes de estudios (si se ajustaban a sus aptitudes e intereses), los centros educativos con mejor inserción laboral... Una vez escogieron, se buscaron sus propias prácticas en empresas (que son obligatorias en FP). ¿Por qué no trazar semejante estrategia años antes?

 

Para Juan Carlos Tejeda, director de Formación de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), ése es el «business plan individual» que «debemos hacer ante cualquier decisión importante de futuro, como qué estudiar», aunque mejor es hacerlo temprano. 

 

En opinión de Juan José Juárez, responsable de Orientación Profesional en la Fundación Bertelsmann, cuando un adolescente se plantea hacia dónde dirigirse, «pocos se plantean la empleabilidad de los estudios» porque «el sistema no contribuye a ello». «Los propios orientadores preguntan qué quieres estudiar, no en qué te gustaría trabajar». 

 

«La orientación debe mirar al mercado, a los nuevos modelos de negocio, a las nuevas profesiones, y ofrecer a los jóvenes las perspectivas del futuro inmediato», añade Mercè Chacón, directora del proyecto de FP Dual de Bankia, eje de la acción social de la entidad. 

 

La Fundación Bertelsmann pone el acento en «el cultivo de la capacidad de auto-orientación desde edades tempranas, como se hace en otros países europeos», donde desde la ESO se insta a los alumnos a investigar sobre profesiones poco conocidas y se les lleva a visitar empresas. «No podemos olvidar que los chicos de hoy cambiarán de trabajo entre 14 y 18 veces en su vida», incide Juárez. 

 

«El mercado de trabajo será tan complejo y cambiante», advierte, «que tiene sentido decantarse por estudios cortos y específicos que te permitan trabajar cuanto antes y tomar contacto con las empresas, porque es en ellas donde está la innovación y el conocimiento. Mejor entrar antes y, sobre la experiencia, seguir formándose».

 

Ana Cobos, presidenta de la Federación de Psicopedagogía y Orientación, explica que los orientadores españoles dicen a los jóvenes: «Prepárate en competencias que te hagan versátil de acuerdo a tus intereses en la vida». 

 

Mercè Chacón, de Bankia, asegura que la FP está detrás de muchas profesiones nuevas y muy especializadas, y que además contribuye a desarrollar muchas vocaciones. Pero queda «un gran esfuerzo» por delante, señala: «Es necesario que siga mejorando el sistema de la FP, que las empresas expliquen su necesidad de estos perfiles, que ayuden a los centros de FP a diseñar la oferta y que los centros sean flexibles en la adaptación».

 

Para que los jóvenes se planteen una FP en primera opción, añade, «tiene que haber un cambio cultural importante: que la sociedad entienda que la transformación económica pasa por que haya muchos y buenos técnicos». 

 

Lo tienen claro en el País Vasco. Allí, «en los años inmediatos, el 27% de los contratados serán universitarios y el 47%, técnicos de FP: 26% de grado superior y 21% de grado medio». Con tal precisión se expresa el director de FP vasco, Jorge Arévalo, brújula del resto de autonomías y referencia obligada en FP de calidad. «Lo hacemos mal con eso de que cada uno estudie lo que quiera. Tenemos que producir titulados vinculados a nuestras necesidades y a nuestra capacidad de empleabilidad», dice. «Si quieres cambiar el modelo productivo, pero no cambias el sistema educativo, no conseguirás nada».

 

Carmen López: "No me lo puedo creer, está pasando"

A Carmen López le «costó mucho volver a entrar en un museo». Como licenciada en Bellas Artes y máster en Restauración de Obras, los había incorporado a su proyecto de vida. Pero los años pasaron y no encontró ni becas; sólo «trabajo gratis» en un importante centro. 

 

«Me enfadé, me deprimí y me dije: hay que reciclarse. Toca estudiar algo que permita trabajar y tener ingresos, no ya altos; ¡al menos para vivir!». Tenía 28 años. Desde la universidad, Carmen se sacaba unos 500 euros al mes como monitora de comedor y de acompañamiento escolar. «No puedo ganar eso toda la vida», decía. Todas sus compañeras eran universitarias. Descartó otro máster: «¿Y si tampoco me sirve esta vez?». 

«Escuché que el comercio internacional era un sector con buenas perspectivas porque había que exportar... Me informé y vi que había un ciclo formativo especializado» [sin competencia universitaria, además]. Lo tuvo claro: «Una FP es para mí. Son dos años, que es lo que quiero invertir en reciclarme». 

Al concluir el trimestre de prácticas reglamentarias en la empresa, le ofrecieron una sustitución de baja maternal. «No me lo puedo creer; ¡está pasando!». En el comedor escolar, sus compañeras le decían: «Carmen, nos estás señalando el camino». Hoy trabaja en la segunda compañía mundial más importante de transporte marítimo, en el Departamento de las Grandes Cuentas. Sus ex compañeros de facultad en paro le dicen: «Qué suerte tienes». Y ella responde: «Estuve trabajándome dos años la suerte». 

 

Paula Carmona: "Todo eran puertas cerradas"

«Soy mileurista, sí, pero puedo pagar mi casa y mis gastos. Ahora puedo vivir».

Paula Carmona se licenció en Químicas en 2008 en la Universidad de Valencia. Hizo el último año de Erasmus en Alemania y le plantearon hacer allí el doctorado, pero optó por regresar. 

 

Ninguno de los currículos que echó llegaron a nada. «O me pedían cinco años de experiencia, o niveles de inglés C-2, o ya, al final, me decían que buscaban técnicos, no licenciados». «Todo eran puertas cerradas». Se impuso buscar el plan By se decantó por el tradicional entonces: hacer el CAP (el Curso de Aptitud Pedagógica) y opositar a plazas de docente. Y mientras tanto, se sacaba ingresos dando clases en academias. 

 

Aquella apuesta duró dos años. «Cansada», Paula vio que «tenía que cambiar de rumbo». Tenía ya 28 años y el ansia por «un trabajo, un salario para llevar una vida estable».

Gracias al contacto que, como profesora, tenía con estudiantes adolescentes, llegó a su plan C. «Yo buscaba ciclos formativos para orientarlos en sus estudios y me dije: ¿por qué no? Por ahí puede haber una vía para mí». Le pareció que Energías Renovables tenía futuro y se lanzó. Obtuvo el Premio de la Comunidad Valenciana al mejor expediente de FP y se quedó en la empresa de ingeniería en la que hizo prácticas. 

Le gusta lo que hace, sobre todo «en el campo técnico». Atrás quedó la Química. «De mi grupo de la universidad no trabajamos ninguno en eso».

 

Dolores Ortiz: "Mejor FP primero y luego seguir"

Mado se dejó aconsejar por su amiga Paula, que también aparece en este reportaje. Había estudiado Químicas «pensando que iba a ganar una pasta», pero se licenció en mal año: 2009. «Nunca encontré trabajo; a las entrevistas que conseguí ir me decían que preferían 'perfiles técnicos' porque los licenciados aspiran a más y se van en cuanto pueden».

 

Monitora de visitas en el Museo de las Artes y las Ciencias de Valencia, profesora de clases particulares, comercial de promociones, camarera... «Trabajando de varias cosas» le llegaron los 34 años. Ya, con un hijo de tres años que empezaba el cole y le dejaba tiempo libre, se matriculó en FP. Eligió un ciclo superior de Salud Ambiental. De algo le servirían sus conocimientos de Química...

«Llega un momento en que ves que de lo tuyo ya no vas a trabajar», se lamenta. «Hay otros más jóvenes que tú, y los de tu edad que trabajan ya tienen la experiencia que tú no tienes». 

 

Volviendo la vista a sus 18 años, reflexiona: «Si hubiera sabido lo que iba a suponer la crisis, habría estudiado FP primero, me habría colocado y después habría seguido estudiando». Justo lo que aconsejan muchos expertos y lo que ha hecho el 12% de los universitarios de nuevo ingreso.

Hoy trabaja de auxiliar de técnico de laboratorio en el departamento de control de calidad de una empresa de serigrafía industrial. «He tenido tanta ansia de un trabajo...», suspira. Lo tiene con contrato fijo y a cinco minutos de casa. 

 

Esther Bardo: "Casi todos en clase eran universitarios"

«Después de las ganas, ilusiones, esperanza, sentimientos, los años estudiando, el esfuerzo... todo lo que había soñado ser se desvaneció». Esther quería ser periodista desde pequeña. A mitad de carrera se fue dando cuenta del panorama laboral que le esperaba: bajos salarios y dificultad para conciliar la vida personal. Cuando se graduó, lo único que consiguió fue un empleo no remunerado.

 

«Supuso un bajón psicológico, pero algo tenía que hacer». Un máster implicaba «gastar una barbaridad de dinero en algo que no garantizaba trabajo». Un módulo de FP se presentó con todas las papeletas. «Gran parte de mis amigos habían encontrado trabajo a través de esta vía».

Eligió Administración y Finanzas y tuvo la suerte de cursarlo en modalidad dual en Repsol: «Un año estudiabas en el instituto y el otro aprendías trabajando a través de prácticas remuneradas en la empresa, la mejor manera de aprender, pues trabajando te enfrentas a verdaderos problemas». 

 

Cuál fue su sorpresa al comprobar, el primer día de clase, que «la inmensa mayoría de los compañeros eran universitarios que habían tenido problemas para encontrar trabajo».

Un año después de terminar, tiene contrato indefinido y un salario que le ha dado alas: «Comprarme un coche y tener planes de futuro con mis amigos y mi pareja son cosas que antes eran impensables». No obstante, Esther quiere volver a la universidad a por el grado de Administración de Empresas.

 

David Bustos: "A los 18 años no sabes nada del mercado"

David Bustos no quiso «perder el tiempo». En el año que dedicó a hacer el proyecto de carrera no vio ninguna oferta de empleo de aparejador y pensó: borrón y cuenta nueva. 

 

Como tantos otros tras el Bachillerato, David no había perfilado a qué dedicarse. Le gustaba la robótica, pero no hilvanó esa atracción con un futuro. «Con 18 años no tienes idea de cómo está el mundo laboral, no piensas en ello», reconoce. «Me dejé llevar por lo que me decía la familia, que fuera a la universidad, aunque no estaba convencido». 

 

Le «llamaba la atención el trabajo de aparejador», pero nunca le motivó lo suficiente: fue renqueando, perdió la beca... «Me fui dando cuenta de que aquello no me llevaba a ningún sitio claro, pero por el esfuerzo invertido quise terminar». 

 

La necesidad de ingresos para pagarse la carrera le llevó a trabajar en la Nissan en Barcelona mientras estudiaba. Cuando logró terminar la carrera, ante la ausencia de empleo y de prácticas, siguió en la fábrica y allí le instaron a estudiar Automatización y Robótica Industrial porque «era una sector en alza». 

 

«Me daba igual qué estudiar, siempre que tuviera salida, pero aquello también me motivaba porque siempre me gustó todo lo que tuviera que ver con robots». Por fin, un verdadero interés encajaba con su formación. Su motivación era y es tan alta que, pese a seguir en Nissan con un nuevo puesto, sigue estudiando para sacarse Mecatrónica. 

 

Luis García: "Lo vi como un salto hacia atrás"

Empezó su trayectoria con FP y llegó a la universidad (algo normal en el resto de Europa). Después de hacerse técnico superior de Mantenimiento Electromecánico se metió a una Ingeniería Técnica de Obras Públicas. Estudió lo segundo mientras trabajaba de lo primero. Al licenciarse, trabajó un año y medio en las obras del AVE a León, pero la crisis llegó, la obra terminó y el paro empezó a alargarse. 

 

Pasó un año sin que le llamaran para hacer una sola entrevista, y no dejó pasar un minuto más. Hizo un curso de formación ocupacional de Mantenimiento del Automóvil: «Allí conocí a un chaval que iba a matricularse en eso nuevo de Mecatrónica y me metí con él». 

 

Le costó dar el paso: «Lo veía como un salto atrás, pero no podía sentarme a esperar. Tenía que hacer algo...». 

En su clase había cinco ingenieros más en paro. «El mercado está repleto de ingenieros que no encuentran trabajo, porque no lo hay. Pero la industria necesita técnicos. Sin ellos, no puedes montar una fábrica». Con esa reflexión y escuchando las voces que aseguran que la industria tiene que crecer, se embarcó en Mecatrónica. Al terminar, tuvo tres ofertas de trabajo y se quedó con la mejor. 

 

Hoy está embarcado «en un proyecto de mejora de la calidad» en aerogeneradores (molinos de viento). Como ingeniero técnico no ha vuelto a tener una oferta de empleo, pese a haberlas buscado. No obstante, piensa seguir estudiando: «Por si acaso el trabajo vuelve a fallar».

 

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